~ LOS OJOS DE ALAIN DELON ~
Fue de estas casualidades que ocurren en la vida; esas que se quedan plasmadas en el corazón como si fuesen relicarios vivientes y testigos de que tu corazón en un momento dado puede latir por alquien que ha estado miles de veces a tu lado, sin embargo las hadas del destino hacen que unos minutos insignificantes basten para llenar un vacío en este corazón apasionado que late dentro de mí.
Estábamos de viaje, un viaje de ésos en que te metes en una gran ciudad buscando restos del pasado. Una de esas ciudades en la que no piensas como un destino cultural a nivel de encuentros ancestrales, simplemente que es poseedora de un museo en el que se guardan tesoros milenarios en su mayoría robados en las campañas bélicas con otros países o en las donaciones de ricos empeñados en poseer en sus sótanos relicarios milenarios y que llegada la hora de la muerte los dona al museo de su ciudad.
El lugar en realidad poco importa, pero sí es importante el cómo y el por qué ocurren ciertas cosas.
Te conocía desde hacía algunos años, entonces compartías tu vida con tu esposa; jamás me pasó por la cabeza entrar en esa vida tan ordenada y llena de ambiciones. Y sin embargo aquel paso de peatones nos marcó a los dos para siempre.
Un corto paseo en compañía de una amiga con sus dos amigos canes: Adriano y Trajano (mi amiga tiene debilidad por los césares romanos), después de un paseo por la gran ciudad, buscando un reposo en las retinas y quizás un poco de charla con esa amiga lejana a la que nunca olvidas y que deseas tener a tu lado. Muchos años compartiendo los mismos gustos y ese viaje me colmó de satisfacciones amistosas y de conocimientos nuevos en una civilización que lucha por ser cada vez más rápida y competitiva. Y en un momento dado, en un cruce de calles, un paso de peatones con semáforo cambió tu vida y la mía.
Sabía de mi libertad, pero conocía también la falta de la tuya, eras terreno privado y jamás, te prometo que se pasó por la cabeza meterme en medio de casa ajena. Sin embargo aquella tarde y en aquel paso de peatones me dí cuenta de que algo especial me estaba ocurriendo cuando me topé con tus ojos, esos ojos que había mirado tantas veces, pero ese día la mirada fue distinta.
Con perros y la botella de agua en la mano, las dos amigas (entradas ya en la treintena) pararon su paseo a borde del paso de peatones. Una pareja estaba unos metros más adelante queriendo parar un taxi, ésos que de amarillo pintan sus carrocerías. Un gesto y un help me llamaron la atención porque me resultaron conocidos.
Mi amiga con risa alegre comentó en alta voz,”lo llevas claro si piensas que van a parar aqui”. Y él se volvió. Mis ojos se quedaron clavados en los tuyos. ¿Qué hacías allí?. No sabía que estabas de vacaciones. Un silencio rodeó la escena, pero tus ojos no se apartaron de los míos. Sólo una voz rompió el encanto del momento; tu señora reclamaba tu atención para que, por favor parases un taxi porque no podía más con sus pies. Entonces ella se dió cuenta. Tu mirada continuó fija en la mía. Cual era el motivo, no lo sé…
Quizás porque nunca me habías visto de esa forma, tan deportiva, con un can de la mano, con mi botella de agua en la otra, llena de vitalidad y distinta. Sin ningún tipo de adorno, sin el vestuario aunque informal, pero sí de cierta etiqueta que suelo llevar. Fue quizás éso.. o quizás fue el destino que te lanzó un aviso especial.
Tu señora se dió cuenta de lo que pasaba, inquieta te hizo mirarla y preguntó que pasaba. El semáforo no cambiaba y allí los cuatro formábamos un cuadro de lo más grotesco que se pueda imaginar.
Salí al paso con una frase ingeniosa:
“No podía pensar que te iba a encontrar aquí, estás de vacaciones??..”
Esto te hizo reaccionar y me presentaste como una compañera de trabajo, aunque en realidad no era tal; simplemente que nuestros trabajos nos hacía coincidir algunas veces. Mi amiga también fue presentada como tal amiga. Y tu esposa en cambio reaccionó de una manera extraña. Se comentaba que era muy celosa, qué te hacía la vida un poco difícil con sus celos. No lo sé, un frío apretón de manos fue el único saludo bajo una mirada de recelo que me hizo sentirme mal.
Y quizás porque llegaste a intuir ese recelo y mi sinceridad de sentimientos, trataste de poner un poco de calor donde el hielo estaba reinando en una escena carente de sentido. La mirada de tu esposa me trataba de alcanzar hasta el interior, no sé es como si me tratase de filtrar para saber que había en mi interior hacia tí. Y quizás su actuación fue el detonante que hizo que tu relación oficial terminase como terminó y que aquella mirada en un semáforo de una ciudad lejana y ajena a nuestras vidas, nos uniese un tiempo después de la manera que nos une ahora.
Y curiosamente me enteré meses después de que tu matrimonio había terminado en un divorcio; al menos tenías la ventaja de no tener hijos y éso hizo que fuese menos traumática la separación y el proceso difícil por los constantes impedimentos que ella puso a la disolución del vínculo, por lo menos no afectó a terceros. Aunque sé que pasaste una mala temporada y que tus amigos te ayudaron fielmente, esos amigos que siempre te han dado su apoyo porque eres hombre que se merece todo el respeto del mundo, ya sea como profesional y como persona.
Y años después la casualidad nos hizo quedarnos a solas, después de muchos encuentros en nuestro ámbito laboral y precisamente en aquel momento me dí cuenta que en tus ojos había esa misma expresión, no sé como definirla, quizás de socorro, que ví en aquel semáforo lejano.
Hemos hablado mucho, hemos paseado juntos, hemos cambiado impresiones muchas veces y nos hemos contado todo lo que acontece en nuestro interior. Y en un momento determinado nos hemos dado cuenta de que algo especial nos ha ligado a los dos para siempre. Y esa mirada especial se ha apoderado de tu ojos ya no sólo en un momento dado en un paso de peatones; ahora los ilumina siempre. Esa mirada llena de dulzura, de sentimientos, de descubrimientos, de encanto.
No me gusta desear mal a nadie, sé que tu separación fue bien para los dos, y que no tuve nada que ver con ello porque estaba cantado que cada uno iría por un lado pronto. Sin embargo me sentí feliz de saber que ahora podías disfrutar de tu vida; esa vida entregada a tu trabajo eficaz en donde has alcanzado nombre y fama; has vagueado por el mundo de la poesía porque siempre tuviste alma de poeta; has participado en cientos de coloquios sobre el ser humano, tú precisamente que has tenido tantas experiencias en tan pocos años. Te has convertido en un hombre ejemplar.
Y debo confesarte que primero te admiré por lo que habías conseguido, después te dí mi amistad porque eres un hombre de valores, te dí mi confianza porque sé que siempre que te necesite te tendré a mi lado y por último te amo, porque reúnes todas las condiciones para que seas digno de amor; quízás has conseguido lo que jamás pensé que podía ocurrir: que el amor me hiciese desear compartir mi vida con alguien. Ahora la comparto contigo, como comparto todas mis cosas, pensamientos y obras y me gusta adaptarme a ti.
Aquella mirada en el paso de peatones entre Adriano y Trajano fue la llave que abrió la puerta de mis sentimientos. La llave está perdida porque no quiero cerrarla jamás.






[...] ~ LOS OJOS DE ALAIN DELON ~ noviembre, 2009 LikeBe the first to like this post. [...]
Los números de 2010 « RELATOS & POEMAS - enero 4, 2011 a las 12:44 pm |